Resumen del libro Transforma tu personalidad por Benjamin Hardy 2021 (Personality isn’t Permanent)

Resumen del libro Transforma tu personalidad por Benjamin Hardy 2021 (Personality isn’t Permanent)

Resumen corto/Sinópsis: Transforma tu personalidad (2021) nos explica porque muchos de los mitos sobre la personalidad no solo son falsos, sino que obstaculizan el desarrollo y el éxito personal. Según el psicólogo Benjamin Hardy, la idea errónea más común es que nuestras personalidades son innatas y fijas. Entender que esto no es cierto, nos permitirá dejar de lado las excusas que hemos estado usando hasta ahora, y dar el paso para conseguir nuestras metas. 

¿Quién es Benjamin Hardy?

Benjamin Hardy es un psicólogo organizacional y el autor de Cambia tu Entorno, la Fuerza de Voluntad no es Suficiente. Hardy es un bloguero prolífico cuyos consejos basados en la ciencia han llegado a más de 100 millones de lectores. Hardy es un colaborador frecuente de Forbes, Fortune, Psychology Today y una variedad de otras publicaciones. 

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Nuestra personalidad puede cambiar con el tiempo

Numerosos estudios han demostrado que las personas obtienen diferentes resultados en las mismas pruebas de personalidad cuando las toman en diferentes momentos o en diferentes entornos. Si alguna vez nos ha tentado el clickbait para realizar una prueba de personalidad online sabremos que los resultados se basan en métricas poco fiables. 

Eso es parte del problema, pero hay otra razón por la que incluso las pruebas aparentemente bien diseñadas producen resultados contradictorios: se basan en un malentendido de lo que es la personalidad. Nos han enseñado durante décadas que la personalidad es un rasgo fijo e inmutable. Esta noción, sin embargo, parece tener cada vez menos base a medida que aprendemos más sobre cómo funciona el cerebro. 

Resulta que la personalidad es maleable y dinámica, en lugar de estar programada al nacer. La gente puede y cambia, y claro está, nosotros también.

¿Cuántos tipos diferentes de personas hay en el mundo? El indicador de tipo Myers-Briggs, una de las pruebas de personalidad más conocidas, identifica 16 tipos diferentes de personalidades. Después está el Inventario de Personalidad NEO Revisado, que pretende identificar seis tipos distintos de personalidad. Otras pruebas dan como resultado de entre tres a treinta y tres. 

Debido a que no hay forma de probar o refutar ninguna teoría individual, las pruebas “tenían la libertad de crear cualquier respuesta que quisieran”, y por lo general, esto es solo una estratagema para que la gente compre su producto. 

La autora estadounidense Merve Emre, autora del libro The Personality Brokers sobre pruebas de personalidad estima que el mercado de las pruebas tiene un valor de alrededor de € 2 mil millones tan solo en el 2018. Eso proporciona un incentivo para que los diseñadores realicen pruebas dudosas y se beneficien de oportunidades lucrativas para “explicar” los resultados. 

Los orígenes de las pruebas de personalidad están contaminados con pseudociencia. Las pruebas de personalidad de Myers-Briggs, por ejemplo, se crearon a principios del siglo XX. Kathhenne Briggs y su hija, Isabel Myers, no tenían formación científica y nunca habían puesto un pie en un laboratorio, y la prueba se basó únicamente en las experiencias personales de Briggs. 

Comenzó a especular sobre las diferencias de personalidad después de notar que ella y su esposo respondían de forma diferente a situaciones similares y que uno de sus hijos era más tímido que el otro. Y siguiendo con las tendencias del momento, basadas en la idea de que el ADN controla quién somos y que este es innato, Myers y Briggs, afirmaron que las diferentes personalidades eran innatas. 

El problema con esta idea es que se ha demostrado que el funcionamiento de nuestro ADN, que genes se expresan y que proteínas produce, cambian por factores externos como el entorno, y por lo tanto, las personalidades, que al fín y al cabo no son más que una expresión de la interacción entre nuestros genes y el entorno, también deberían ser maleables. 

La llamada amabilidad y ser tacaños, por ejemplo, no son virtudes o vicios que podemos desarrollar o dejar de lado, según Myers y Briggs; son simplemente nuestra forma de ser.  Darse cuenta de que las pruebas no se basan en pruebas científicas La información puede ser liberadora. Cuando dejamos de creer que somos “naturalmente” introvertidos o impacientes, dejamos de lado las excusas que tenemos, y podemos dedicarnos a cambiar a mejor.

¿Por qué es tan popular el mito de que la personalidad es fija?

Un equipo de investigadores publicó los hallazgos de un estudio de larga duración, que empezó en la década de 1950 en Escocia, en la revista Psychology and Aging en 2016.  En el estudio pidió a los profesores que calificaran a 1.208 niños de 14 años en una variedad de rasgos de personalidad, como la confianza en sí mismos, la originalidad y el deseo de aprender. 

Sesenta años más tarde, 674 de los sujetos de prueba originales fueron evaluados nuevamente. Se calificaron a sí mismos esta vez. Como resultado, entre las dos pruebas, casi no hubo superposición.

Los investigadores esperaban encontrar información de estabilidad de la personalidad a lo largo de las décadas. Sin embargo, los datos no apoyaron esta hipótesis, y les dieron más pruebas para pensar que tanto las emociones como la personalidad son maleables.

Una de las razones por las que este mito ha persistido durante tanto tiempo es que es difícil estudiar un concepto tan ambiguo como personalidad, y que la forma en que se enfoque el estudio dependera en gran medida de la subjetividad de los investigadores. 

Esto junto a la cantidad de financiación, apoyo institucional y, tiempo que podría requerir hacerlo bien hace que sea difícil hacerlo. Debido a que pocos investigadores cuentan con estos recursos, las pruebas de seguimiento se realizan semanas o meses después de la prueba inicial. 

Lo que se ha visto, es que es más probable que encontremos correlaciones cuando evaluamos la personalidad a intervalos cortos, porque la persona no ha tenido el tiempo suficiente como para tener grandes cambios en su entorno o rutinas. Cuando el intervalo aumenta a, digamos, seis décadas, hay poca o ninguna correlación. 

El psicólogo de la Universidad de Harvard, Daniel Gilbert lleva años realizando estudios sobre cómo han cambiado los intereses, objetivos y valores en los últimos diez años. En estos casos, la respuesta suele ser que han cambiado “bastante”. Pero aquí es donde las cosas empiezan a ponerse interesantes. A pesar de reconocer cuánto han cambiado en la última década, los participantes solo esperan cambios menores en su futuro. 

La diferencia en cómo procesamos información no suele ser a propósito. El bias de confirmación, o sesgo de confirmación, hace que prioricemos información que pueda ayudar a lo que queremos lograr y lo que creemos, y a dar menos importancia a  información que no queremos tener en cuenta. Este exceso de confianza, es algo que todos tenemos en mayor o menor medida, y se basa simplemente en creer que sabemos más de lo que sabemos con certeza, lo cual lleva a que midamos mal las probabilidades y los riesgos reales.

Ejemplos del bias de confirmación son como tendemos a recordar únicamente los casos de éxito cuando queremos defender una idea de negocio o el camino del emprendedor, o como podemos apostar en acciones que están en crecimiento sin entender el contexto real de este crecimiento, podría ser que simplemente acaban de recibir crédito y por lo tanto ese aumento no está relacionado efectividad económica.

Nuestra personalidad es algo que podemos controlar

“Controlamos nuestra capacidad de decidir y todos los actos que dependan de este deseo moral. Lo que no controlamos es el cuerpo y cualquiera de sus partes, nuestras posesiones, padres, hermanos, hijos, o país – cualquier cosa con la que nos podamos asociar” – Epicteto (Discursos)

Quizá la idea más importante del estoicismo, y la más útil para cualquiera de nosotros, es aprender a diferenciar lo que podemos controlar y lo que no.

Nuestra frustración, ira, o tristeza, nacen muchas veces por la diferencia entre nuestra imaginación y la realidad. Tratamos a nuestros amigos y familia, nuestra carrera profesional, nuestras posesiones y todo lo que nos rodea como si fuesen apéndices de nuestro cuerpo, sin darnos cuenta de que ni siquiera tenemos control de este último.

Si hemos probado a hacer algún deporte, sin duda habremos notado la diferencia entre el movimiento que queremos hacer, rematar, encestar, hacer yoga, y la realidad. Nuestro cuerpo es el mejor ejemplo de que todo lo que no sea nuestra mente está fuera de nuestro control.

Aceptarlo es el camino a la serenidad, a reducir nuestra ansiedad por el futuro o la ira hacia el pasado. Sin importar que pase a nuestro alrededor, o lo bien que parezcan ir nuestras predicciones, al final lo único que tenemos bajo nuestro control es la capacidad de decidir.

“La esencia del bien es un cierto tipo de elección razonada; del mismo modo que el mal es otro tipo. ¿Qué pasa con los elementos externos entonces?

Son simplemente la materia prima para nuestras decisiones razonadas, que encuentran su propio bien o mal al trabajar con ellas. ¿Cómo encontrará el bien?

No a través de dejarse llevar por lo material. Ya que, si los juicios sobre lo material son correctos entonces nuestras decisiones serán buenas, pero si estos juicios están distorsionados, tomaremos malas decisiones” – Epicteto (Discursos)

Según Epicteto no existe el bien y el mal como algo externo. Todo lo que sucede a nuestro alrededor y en nuestras vidas no es más que algo aleatorio, parte del caos que gobierna el mundo. Decidir si algo es bueno o es malo, depende de nuestros de cómo filtremos la información del mundo y como hagamos uso de la misma.

Del mismo modo, hace referencia a como no tenemos acceso a la información real del mundo, sino que tan solo tenemos acceso a las sombras que proyectan sobre nosotros. La forma de estas sombras depende de nuestros sesgos cognitivos, y por lo tanto si queremos entender el mundo, debemos empezar por entender nuestros sesgos cognitivos y su efecto sobre nosotros.

Entender la realidad es el proceso de controlar nuestras percepciones, y el proceso por el cual llegamos a conclusiones.

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