Resumen del libro 59 segundos por Richard Wiseman (59 Seconds Think a little, change a lot 2015)

Resumen del libro 59 segundos por Richard Wiseman (59 Seconds Think a little, change a lot 2015)

Resumen corto: 59 Seconds presenta varios trucos de desarrollo personal, basados en la psicología, que podemos usar para mejorar nuestra mentalidad, felicidad y vida en menos de un minuto.

¿Quién es Richard Wiseman?

Descrito por uno de los columnistas de Scientific American como «el mejor psicólogo experimental en la actualidad», el psicólogo y profesor Richard Wiseman ha dado conferencias para empresas como Google y es autor de varios bestsellers, entre ellos incluidos The Luck Factor y Quirkology, y 59 segundos.

Richard Wiseman es uno de los pocos expertos capaz de convertir su conocimiento en resultados. El autor tiene un canal de Youtube con más de 2 millones de suscriptores sobre magia, es además profesor de Public Understanding of Psychology y creó una aplicación que nos ayuda a «controlar» nuestros sueños.

Le encanta desacreditar los fenómenos paranormales y ha publicado más de diez libros. La mayoría de los libros de desarrollo personal presentan grandes planes pero Richard piensa que no hay necesidad de eso, cuando hay muchas cosas que podemos hacer en menos de un minuto.

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Nuestra vida es como una caldera

Hay una anécdota famosa sobre un hombre y su caldera que ilustra dónde estamos estos días con respecto a la autoayuda: la caldera de un hombre acaba rota y pasa semanas intentando arreglarla. Finalmente se rinde y llama al ingeniero, que viene al día siguiente, lo golpea en el costado y listo, vuelve a funcionar. Ante la factura, el hombre se queja de que no debería tener que pagar por una reparación que le llevó unos segundos. «Bueno», dice el ingeniero; «No está pagando por la solución, pero por los años de entrenamiento que llevó saber dónde golpear».

La moraleja de la historia es que no tenemos que gastar decenas de años o miles de euros para solucionar nuestros problemas.  Gracias a los avances en psicología y la tecnología, ahora podemos «arreglar nuestras calderas» de muchas maneras,y como nos explica el autor, a menudo en menos de un minuto.

Estos son los mejores trucos psicológicos para mejorarnos a nosotros mismos, de muchas formas, desde ser más creativo hasta detectar a un mentiroso. En este resumen, descubriremos por qué la obsesión de la industria de la autoayuda por la visualización es errónea, cómo usar la psicología para ser más agradable y cómo acercarnos más a cumplir nuestras metas.

La importancia de pensar en qué tipo de vida queremos

Una de las técnicas más populares en el campo del desarrollo personal es visualizar nuestras metas. Puede ser un ejercicio tan simple como cerrar los ojos y imaginarnos imaginamos logrando nuestros sueños.

Al imaginar lo que queremos conseguir, estamos trabajando varias facetas, entre ellas, estamos viendo hasta qué punto nos podría interesar realmente cumplir nuestras metas, así como creando un deseo aún mayor por lograrlo, lo cual ayudará a mantenernos motivados cuando encontremos obstáculos. 

El objetivo no es simplemente imaginar que lo hemos logrado, y sentirnos bien. Sino, ver la diferencia entre donde queremos llegar y donde estamos, y usar la energía de la fricción entre los dos estados, para forzarnos a salir de nuestra zona de confort. Un ejercicio que recomienda el autor,  y que tambien recomienda Stephen Covey, autor del libro Los Siete Habitos de las Personas Altamente Efectivas, es el de imaginar que nos gustaría que dijesen de nosotros en nuestro funeral.

Una vez hemos pensado en que queremos lograr, y sabemos que realmente nos interesa. El próximo paso es crear un plan que nos permita lograrlo. Esto puede ser tan simple como ver que es lo que queremos exactamente, se a nivel cuantitativo o definir las habilidades que queremos, o las experiencias que queremos, tener, y estudiar cuánto tiempo y/o dinero se supone que haría falta.

Cuando Richard examinó las resoluciones de Año Nuevo de 5.000 personas, descubrió que planificar y desglosar las metas marcaba la diferencia entre los que las logran, y los que las dejan como palabras en un papel.

Los estudios han demostrado que hay un factor que supera a todos los demás para conseguir un trabajo: la simpatía

A continuación se presentan algunos trucos para hacer que la gente como nosotros. Después de encontrar a más de cien exalumnos que buscaban su primer trabajo, los investigadores de la Universidad de Washington y la Universidad de Florida descubrieron que aquellos que se aseguraban el favor de los entrevistadores tenían más probabilidades de ser contratados.

Hubo algunas cosas que los hicieron agradables: algunos hablaron sobre temas que no estaban relacionados con el trabajo, otros mantuvieron una sonrisa verdadera y algunos hablaron de la organización a la que postulaban. Otra forma de caerle bien a alguien en una entrevista es revelar nuestras debilidades desde el principio.

En la década de 1970, los psicólogos de la Universidad de Duke realizaron una investigación en la que a los participantes se les presentó una grabación de un hombre hablando sobre su vida. En una velada, el hombre confesó temprano que lo atraparon haciendo trampa en la escuela, mientras que en otra cinta, dejó su confesión para el final.

El hombre fue calificado como mucho más simpático por aquellos que habían escuchado la cinta en la que hizo una confesión al principio. Por lo tanto, es simple guardar nuestros aspectos positivos para el final de la entrevista. Al hacerlo, parece que preferimos dejar que nuestros puntos fuertes surjan de forma natural en la conversación, lo que nos hace más simpáticos.

Aquí hay un último consejo: no nos asustemos si cometemos un error. Lo más probable es que un error sea mucho más evidente para nosotros que para los demás, y una reacción exagerada o una disculpa resaltarán algo que de otro forma podría haber pasado desapercibido.

La simpatía es una ventaja para nuestra vida social

Si no somos simpáticos, es poco probable que hagamos muchos amigos o seamos persuasivos. Puede que nos sorprenda, pero las personas competentes parecen más atractivas y simpáticas cuando dudan que cuando tratan de ser perfectos. 

Consideremos cómo el presidente Kennedy manejó las secuelas de la invasión de Bahía de Cochinos. Aunque el intento de invasión de Cuba fue una completa catástrofe, resultó en un aumento de la simpatía de Kennedy, ya que no puso excusas y asumió toda la responsabilidad por el fracaso.

Para investigar esto más a fondo, se reunió a una audiencia y eligió a dos actrices para hacer una demostración de una licuadora. Una actriz actuó y pareció estar bien informada. La otra se equivocó: la tapa de la licuadora se desprendió y se derramó zumo de frutas por todas partes. Aunque la multitud encontró a la persona perfecta demostrando profesionalidad y convencimiento, la segunda actriz se impuso en términos de simpatía.

Cuando se les pidió que explicaran sus puntuaciones, las personas dijeron que no podían identificarse con la impecable demostración de la primera actriz, pero se entusiasmaron con la segunda actriz, que enseñó un lado más humano. Nótese que este efecto surge cuando ya somos vistos como competentes. Si tenemos un rendimiento promedio, cometer errores nos costará y nos hará poco atractivos.

Pero si se nos da bien lo que hacemos, no nos preocupemos por la perfección. El desliz ocasional es entrañable Aquí hay otra cosa que nos hará más simpáticos: evite los chismes. Investigadores de la Universidad Estatal de Ohio realizaron un estudio sobre cómo se perciben los chismes. 

Se pidió a los participantes que miraran un video en el que los actores hablaban despectivamente de un tercero, los participantes percibieron que los actores poseían los rasgos negativos que los actores atribuían al tercero. Si queremos ser vistos positivamente, digamos cosas positivas sobre los demás.

La confrontación directa rara vez sirve para cambiar opiniones 

Incluso si parecemos derrotar su lógica, la confrontación directa crea una actitud defensiva y resentimiento en la otra persona hacia nosotros.

Nos gusta pensar que somos seres racionales, pero no podríamos estar más lejos de la verdad. Contamos con un sin fin de sesgos cognitivos que evitan que nos acerquemos a tomar decisiones lógicas. Nuestras emociones nos controlan, muchas veces sin darnos cuenta, y muchas veces somos capaces de evitarlo pero decidimos dejarnos llevar.

Somos criaturas emocionales, con prejuicios y motivadas por el orgullo y la vanidad. Entender y aceptar esto, es el primer paso para mejorar nuestras relaciones,:

  • Nunca criticar o contradecir de forma directa. Cuando “atacamos” a alguien por una idea o un mal comportamiento, podemos sentirnos mejor, pero rara vez se logra algo. Porque incluso los peores criminales encuentran formas de justificar lo que hicieron. 
  • Mencionar siempre los errores de forma indirecta. En lugar de quejarnos de lo que alguien hace mal, podemos alabar públicamente un ejemplo positivo de alguien que lo hace de la manera correcta. Es importante hacer esto sin hacer una comparación directa, porque esto tambien puede crear resentimiento.
  • Utilizar preguntas para guiar la conversación.  El famoso Sócrates es conocido, no por haber creado alguna corriente filosófica o forma de explicar el mindo, sino simplemente por enfrentarse a todo a través de hacer preguntas. En lugar de decirle a alguien que esta equivocado, es mucho más importante hacer preguntas que poco a poco ayuden a ambas partes a entender mejor la situación.De esta forma, entendemos mejor el problema, demostramos que estamos del mismo lado, y evitamos cometer el error de criticar a alguien cuando quizá nos equivocamos nosotros. El método socrático es quizá la herramienta más útil que tenemos, y es la base de del método científico y la base de todos los avances en la actualidad.
  • Aceptar y dejar claro que podemos estar equivocados y que no estamos intentando juzgar, solo aprender. Cuando no estamos de acuerdo con alguien, podemos reducir la actitud defensiva mostrando humildad al principio. Un ejemplo es Joe Rogan que siempre se asegura de recordarles que no es un experto y que por lo tanto puede equivocarse antes de ofrecer su opinión sobre un tema serio. Buscar tener la razón siempre es quizá lo peor que podemos hacer, porque es probable que no sea cierto, y que ofendamos a la otra persona.

Cuando discutimos, criticamos, o le decimos a alguien que está equivocado, herimos su orgullo y provocamos una actitud defensiva. Podemos influir más fácilmente en las personas utilizando un enfoque indirecto y más suave: mostrando humildad, admitiendo que podemos estar equivocados y guiando con preguntas.

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