Resumen del libro The Behavior Gap Simple Ways to Stop Doing Dumb Things with por Carl Richards 2012

Resumen del libro The Behavior Gap Simple Ways to Stop Doing Dumb Things with por Carl Richards 2012

Resumen corto/Sinópsis: The Behavior Gap Estos nos ayudará a tomar mejores decisiones financieras. Estamos inundados de información y consejos financieros, pero ¿por qué seguimos perdiendo dinero y acabando en una situación desesperada aun así? El autor Carl Richards fue testigo de los efectos de esto  mientras trabajaba como planificador financiero. La gente tomaba malas decisiones y sufría como resultado dondequiera que mirara. En este libro Richards brinda pautas para tomar decisiones financieras inteligentes para toda la vida al definir la brecha de comportamiento, la brecha entre lo que debemos hacer y lo que hacemos, y cómo cerrarla. 

¿Quién es Carl Richards?

Carl Richards, un planificador financiero certificado, es el director de educación para inversores de BAM ALLIANCE, una red de más de 130 asesores independientes de gestión patrimonial. Ha escrito para el New York Times y ha aparecido en Marketplace Money, Oprah.com y Forbes.com.

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¿Por qué nos cuesta tanto hacer lo que sabemos que deberíamos estar haciendo?

¿Nos encontramos haciendo cosas que no deberíamos, como comer chocolate o helados a pesar de nuestro deseo de perder peso? Esto se conoce como la brecha de comportamiento, la diferencia entre lo que sabemos que debemos hacer y lo que  hacemos. Este fenómeno está ligado a nuestro deseo natural de evitar el dolor mientras buscamos el placer, lo que nos lleva a actuar de forma irracional. 

Una consecuencia es que con frecuencia caemos en lo que se conoce como sesgo de prueba social, en la que nos comportamos como quienes nos rodean sin detenernos a tomar nuestras propias decisiones. Esto se debe a que creemos que hacer lo que hacen los demás es más seguro. Esto se vio durante el auge de la burbuja del dotcom de la década de 1990. Todo el mundo parecía estar ganando dinero con sus inversiones; incluso la gente común empezó a pedir dinero prestado poniendo como aval su vivienda. 

Pero cuando el NASDAQ perdió la mitad de su valor, la gente perdió sus inversiones y se endeudó quedandose muchos de ellos en la calle. Este tipo de razonamiento es lo que suele causar las burbujas, y es algo que solemos hacer de forma inconsciente en varias áreas de nuestra vida. 

Otro de los elementos con los que deberíamos tener cuidado es la arrogancia. Long-Term Capital, un fondo de inversión administrado por premios Nobel, aprendió esta lección en la década de 1990. La junta directiva de la compañía, cegada por su propio pedigrí, estaba segura de que la empresa nunca perdería, pero acabo teniendo que ser rescatada por la Reserva Federal. 

Estas circunstancias provocan una brecha de comportamiento: en lugar de actuar racionalmente, nos dejamos llevar por nuestras emociones. Para cerrar la brecha, debemos dejar de lado lo que Daniel Kahneman llama el sistema 1, nuestro sistema intuitivo, y pensar en las consecuencias a largo plazo de lo que hacemos. 

La prueba social y las sectas (la masacre de Jonestown en 1978)

Un claro ejemplo del efecto de la prueba social y sus posibles peligros es el de la masacre de Jonestown en 1978, en la que murieron 918 personas bajo las órdenes de Jim Jones. En este trágico evento casi 1000 personas siguieron al líder y bebieron veneno, para seguir a su ‘’mensajero divino’’ Jim Jones.

Todo esto pasó debido a que Jones creó las circunstancias ideales para hacer uso de la prueba social, la presión de grupo y el efecto de la autoridad divina, algo que muchos monarcas usaron a lo largo de la historia, y la fuerza bruta para eliminar cualquier opinión contraria.

Al crear un ambiente en el que se mostraba que sus palabras eran la ley durante años, el fanatico creó una situación en la que cuanto más tiempo pasaba más se disociaba de la realidad la forma de ver el mundo de los miembros.

Después de la ‘’masacre’’ se vio que los supervivientes eran principalmente parejas que se ayudaron a mantener algo de ‘’cordura’’ durante el proceso al tener a alguien en quien confiaban más que en Jones.

Por desgracia la prueba social puede usarse tanto para crear valor para el mundo, como para hacer mucho daño, y por eso antes de pensar en cómo usarla para nuestros objetivos debemos pensar muy bien si lo que queremos hacer realmente puede ayudar a que el mundo mejore.

Porque si no tenemos en cuenta esto es muy probable que hagamos mucho más daño del que creemos.

¿Cómo podemos tomar mejores decisiones financieras?

Una de las mejores formas de evitar caer en estos sesgos cognitivos, y mejorar nuestra toma de decisiones es aprender a planificar. La planificación requiere un delicado acto de equilibrio entre vivir para hoy y ahorrar para el futuro. La inversión, es decir, un activo que se espera que gane valor con el tiempo, es solo una pequeña parte de nuestro futuro financiero en este acto de equilibrio entre gastar y ahorrar. 

Además de buscar inversiones de alto rendimiento, podríamos asegurar nuestras finanzas ahorrando más, jubilándonos más tarde o siguiendo una segunda carrera. Debido a que es imposible predecir cómo se comportarán las inversiones a lo largo del tiempo, ninguna inversión individual puede llamarse “la mejor”. 

En lugar de depender de una  única inversión o fuente de ingresos, es mejor evaluar los productos financieros en función de cuánto nos ayudan a lograr nuestros objetivos. Ninguna inversión por sí sola puede satisfacer a todos, y por lo tanto, debemos preguntarnos, “¿Cuál es la inversión para mí?” La respuesta estará determinada por factores personales como nuestros objetivos, personalidad, participaciones existentes e incluso nuestra tarjeta de crédito. 

Por ejemplo, si queremos ahorrar para la universidad de nuestros hijos en el futuro, podríamos abrir una cuenta para su educación o invertir en fondos mutuos al menos 18 años antes de que comiencen la universidad. 

Y aunque decidan que no quieren ir a la universidad, siempre podemos reutilizar ese dinero para otras inversiones. Como podemos ver, las inversiones sabias encajan en un panorama más amplio. Si una inversión no nos ayuda, no deberíamos invertir en ello.

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