Resumen del libro Respira La Nueva Ciencia de un Arte Perdido por James Nestor (Breath the New Science of a Lost Art)

Resumen del libro Respira La Nueva Ciencia de un Arte Perdido por James Nestor (Breath the New Science of a Lost Art)

Resumen corto: Breath The New Science of a Lost Art o en español Respira La Nueva Ciencia de un Arte Perdido explica la ciencia detrás de la respiración y como sacarle más partido, algo que muchas culturas de oriente llevan desarrollando milenios. Por James Nestor

¿Quien es James Nestor?

James Nestor es un periodista con experiencia en publicaciones como Scientific American, Outside Magazine, y el New York Times. Es autor de best sellers como Deep: Freediving, Renegade Science y What the Ocean Tells Us About Ourselves

3 de las ideas principales del libro son:

  • ¿Respirar por la boca o por la nariz?
  • La cabeza y la respiración
  • La importancia de exhalar

¿Respirar por la boca o por la nariz?

Esta es una pregunta que posiblemente nos hayamos hecho alguna vez, pero a la que pocos dedicamos el tiempo para resolver. Una de las personas que se la ha seguido preguntando hasta encontrar la respuesta es James Nestor.

El autor sufría de tensión alta, algo altamente relacionado con la posibilidad de un ataque al corazón. Se sentía cansado, con pulso rápido pero a la vez frío. Todo esto fue resultado de ponerse unos tapones de silicona en la nariz. Desde que un médico se los puso el autor tuvo que respirar únicamente por la nariz.

Se cree que alrededor del 50% de nosotros respiramos por la boca. Esto puede deberse al estrés, la polución o causas médicas. El problema es que cuanto más respiremos por la boca peor será nuestra condición. Se ha visto que respirar por la boca también afecta negativamente a los ciclos de sueño.

Tras quitarse los tapones la nariz de Nestor estaba congestionada, con varias infecciones y necesito extraer la mucosidad atascada físicamente, y aun así tardaron horas en poder despejarle la nariz.

La nariz hace mucho más de lo que creemos. Permite limpiar el aire que incorpora gracias a los pelos y otras estructuras llamadas cilios, que son la razón de que los mocos salgan hacia fuera cuando tenemos la nariz congestionada. Además permite calentar y humidificar el aire que respiramos. 

Respirar por la nariz también produce sustancias que reducen la presión sanguínea, regulan el ritmo del corazón y más. En un experimento realizado entre los años 1970 y 1980, Egil P. Harvold, le cerró las fosas nasales a un grupo de monos en el laboratorio y los estudió durante 2 años.

El resultado fue que los monos sufrieron deformaciones en sus dientes sin tener en cuenta el efecto que tuvo sobre su salud. Incluso así, se recuperaron a los seis meses de quitarles los tapones de silicona.

La cabeza y la respiración

Nuestros ancestros no empezaron a procesar la comida antes de comer hasta hace alrededor de 1.7 millones de años. Este proceso de cocinar permitía aumentar la cantidad de calorías que podemos obtener de los alimentos, porque permite que nuestro estómago llegue a más y lo absorba. 

Con la energía extra nuestro cerebro incrementaron su tamaño en poco tiempo. Alrededor de hace 300 mil años nuestros ancestros Homo Sapiens, desarrollaron la capacidad de hablar y con ello su laringe bajo a la garganta.

Con cerebros más grandes y laringes en una zona más baja, consiguieron grandes ventajas evolutivas, a coste de dificultar el proceso de respirar. El tamaño del cerebro empuja a nuestros sinus y vías respiratorias a espacios más compactos aumentando el tamaño de nuestra nariz. Y la bajada de la laringe facilita que nos atragantemos.

Si queremos imaginar cómo podría llegar a ser si seguimos con este proceso, tan solo tenemos que pensar en los bulldog y sus problemas a la hora de respirar. Ellos tambien cuentan con problemas nacidos de optimizar otras características durante su evolución.

En nuestro caso el problema real no empezó hasta hace alrededor de 300 años cuando cambió significativamente la composición de nuestra dieta. El avance de las técnicas de procesamiento de comida y las técnicas para enlatarla, permitieron que accedamos a comida mucho más fácil de digerir en casi cualquier momento. Esto afectó a nuestra estructura facial, al no tener que masticar nuestras bocas no tenían que crecer tanto y como resultado desarrollamos problemas a la hora de respirar y a nivel dental.

Nuestra capacidad de respirar no es controlada únicamente por la evolución, sino también por nuestros hábitos y dieta. Esto lo podemos ver porque muchas otras culturas carecen de estos problemas a la hora de respirar.

En 1830 un investigador se dio cuenta del poder de respirar por la nariz e incluso escribió un libro titulado Breath of Life  en el que explica cómo hacerlo ayudó enormemente con algunos de sus problemas respiratorios.

La importancia de exhalar

En 1958 en un hospital en Nueva Jersey contrataron a un director de coro, llamado Carl Stough para que ayudase a un grupo de pacientes con ephysema, una enfermedad que debilita los pulmones. Aun sin entrenamiento formal en medicina, Carl pudo notar la causa a través de los síntomas, respiración rápida por la boca y de corta duración. El problema no estaba en cuánto aire respiraban, sino en cómo expiraban. En concreto, no expiraban suficiente.

Stough hizo uso del diafragma, el músculo que se encuentra justo debajo de los pulmones. A medida que respiramos el diafragma cae hacia dentro y cuando exhalamos  sube empujando a los pulmones. Normalmente los adultos no sacan el máximo partido al diafragma y las personas con problemas de respiración le sacan aun menos partido.

Los ejercicios de Stough permitian entrenar el diafragma para sacar partido a su respiración. Con los pacientes tumbados, les pedía que respirasen lentamente, mientras masajeaba distintas partes del torso, cuello y garganta. Esto les forzaba a controlar el aire a medida que respiraban.

Este simple método permitió aumentar la capacidad pulmonar de los pacientes, tan solo con sacar partido al movimiento del diafragma. Su entrenamiento no curo la patología, esta era permanente, pero sí que permitió que sacasen mucho más partido a sus pulmones y muchos de ellos fueron capaces de volver a caminar. Uno de ellos incluso se convirtió en capitan de barco.

Hasta el momento los médicos creían que la fuerza del diafragma se perdía con la edad y que era imposible recuperarla. Pero Stough demostró que con entrenamiento podemos hacer casi cualquier cosa. Incluso caminar o correr puede expandir los pulmones en al menos un 15%

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