Resumen del libro ¿Qué estamos haciendo con nuestra vida? por Jiddu Krishnamurti

Resumen del libro ¿Qué estamos haciendo con nuestra vida? por Jiddu Krishnamurti

Reseña/Sinópsis: ¿Qué estamos haciendo con nuestras vidas? (2001) trata de responder algunas de las preguntas más apremiantes de la vida. Establece una filosofía para guiarnos a través de cada etapa de nuestro viaje, desde considerar el papel de la satisfacción y la transformación personal hasta el propósito de la vida misma. 

¿Quién es Jiddu Krishnamurti?

Jiddu Krishnamurti nació en 1895 en el sur de la India. Fue un filósofo, conferenciante público y autor. La Sociedad Teosófica, una organización filosófica global, lo vio como el tan esperado “Maestro del Mundo”. Rechazaría este apodo y pasaría el resto de su vida hablando frente a grandes multitudes en todo el mundo. Falleció en 1986.

Nuestra perspectiva nos limita más de lo que creemos

Tomémonos un momento para considerar cómo percibimos el mundo. Tomemos, por ejemplo, cómo percibimos el amor. Estuvimos expuestos a ideas sobre el amor desde el momento en que nacimos, y moldearon cómo pensamos al respecto. Tal vez una foto de una pareja feliz el día de su boda, o un ramo de flores dado como regalo sorpresa, ejemplifican nuestra idea del amor. 

Todos hemos sido condicionados a ver el amor de cierta forma en función de nuestros antecedentes sociales, económicos y culturales. Esto, sin embargo, implica que nuestra perspectiva puede ser limitada y que quizá no entendemos la compleja verdad del amor.

Nuestro condicionamiento nos impide ver el mundo en todas sus complejidades. La vida cambia , pero debido a cómo percibimos el mundo, lo percibimos como fijo. Nuestra mente está limitada por nuestra herencia cultural, sistemas de creencias y dogmas. Para ver cómo la vida cambia y evoluciona , también debemos cambiar nuestras mentes y perspectivas. 

Por ejemplo, si observáramos una flor florecer y cambiar, nuestra descripción de ella cambiaría de un día para otro. Para mirar la vida de forma más objetiva, debemos liberar nuestras mentes de todas las teorías y sistemas que intentan explicarla en su totalidad. 

Esta es la parte difícil. Por ejemplo, podemos identificarnos como socialistas, capitalistas, cristianos o hindúes. Si seguimos una ideología o religión, nos veremos obligados a adaptar nuestra visión del mundo a una variedad de situaciones, incluso si lo que nos dicen contradice nuestro sistema de valores. 

Debemos observar cómo funciona nuestra mente. Debemos observar su funcionamiento como si estuviéramos mirando desde fuera. Solo entonces podremos entender cómo nuestro condicionamiento limita nuestra capacidad de ver. Comenzaremos a entendernos a nosotros mismos y nuestra relación con el mundo de esta forma. Ese es el primer paso para lidiar con los muchos problemas a los que nos enfrentamos, problemas que, como la vida misma, cambian y evolucionan.

El cambio empieza desde dentro

Consideremos una revolución. Las personas se inspiran para luchar contra la injusticia y unirse para desafiar un sistema que está amañado en su contra. Se declaran en huelga y paralizan todo. Desestabilizan a su gobierno y a las élites que se beneficiaron del statu quo. Proponen una nueva constitución, junto con una serie de nuevas leyes destinadas a hacer las cosas más justas, levantar a los oprimidos y poner fin a los conflictos violentos. 

Muchos de nosotros imaginamos esto cuando escuchamos la frase “transformar el mundo”. Pero, según el autor, si esto es lo que estamos esperando, nada cambiará. Para cambiar el mundo, primero debemos cambiarnos a nosotros mismos. 

Confiar en buenas ideas y grandes teorías obstaculiza nuestra capacidad de ver el mundo con claridad. Incluso puede impedirnos hacer cambios positivos. Si esperamos alguna gran revolución o transformación espiritual para mejorar el mundo, nos perderemos la verdad, que es que el cambio viene de dentro de nosotros, no de fuera. 

La mente de las multitudes

Las multitudes están gobernadas por una “unidad mental” transitoria y una “mente colectiva” que fusionan y orientan a todos los individuos en la misma dirección. Esta nivelación emocional e intelectual reduce toda la voluntad personal y anula todas las capacidades individuales. Un filósofo en una multitud no es más inteligente que un analfabeto.

En el libro, el autor presenta la idea de “mente de la raza” que define como el conjunto de características que la herencia impone a todos los individuos de una raza. Según el autor, la “mente de la raza” es el sustrato inconsciente sobre el que se superponen las características especiales que la multitud puede adquirir en determinadas circunstancias. Características que tendían hacia las respuestas instintivas.

  • El sentimiento de irresponsabilidad domina a las multitudes : pertenecer a una multitud adormece las inhibiciones y da al individuo un sentimiento de “poder invencible”.
  • El contagio se refiere a la propensión de los individuos de una multitud a seguir, incuestionablemente, las ideas predominantes y a dejarse controlar por una emoción compartida: el interés colectivo ocupa el lugar del interés individual. Esto es lo que se suele conocer como sesgo de prueba social, por el cual asumimos que lo que otros dicen o hacen es correcto porque varios lo hacen.
  • La sugestionabilidad caracteriza la tendencia a convertir las ideas sugeridas en acción; con la multitud en un estado de “atención expectante” como si se tratara de una persona hipnotizada. Este estado deriva de una mente obsoleta inconsciente que es, además, de carácter primitivo. La conciencia se desvanece y las facultades intelectuales que se encuentran allí se eliminan en gran medida.

Gobernados por la mente instintiva e impulsiva, la psicología de masas es móvil y dinámica, capaz de pasar de la atrocidad al heroísmo en cuestión de segundos. Los impulsos que reciben se multiplican a medida que pasan por más personas, y en el proceso aumentan su efecto. El resultado es que al final acaban respondiendo a impulsos con respuestas mucho más fuertes de las que esperaríamos en otras situaciones. 

Cuando somos parte de un grupo, estamos bajo la influencia de la excitación del momento. Las multitudes quieren cosas frenéticamente pero no las quieren por mucho tiempo. Son tan incapaces de querer como de pensar. En sus estados de frenesí, una multitud sugerida por ideas de asesinato y saqueo cede a la tentación.

El mundo está formado por muchos de nosotros interactuando unos con otros. Más que la política, la religión o cualquier otro gran sistema, nuestros problemas comienzan a nivel individual. Es un desorden de la mente individual, no el fascismo, el capitalismo o la religión, lo que nos ha causado tantos problemas. 

Ya sea que estemos hablando de desigualdad económica, guerra o enfermedad psicológica, el <<yo>> es la raíz del problema. El tema principal, según el autor, es la construcción del <<yo>> individual, que está aislado y contrastado con todo lo demás en el mundo. Como individuos, buscamos diversas formas de poder, posición e influencia, y estas cosas son las que causan todos los problemas que vemos a nuestro alrededor. 

Provocamos todo el caos del mundo persiguiendo el beneficio personal. En opinión del autor, para progresar, debemos liberarnos del ego. Sin embargo, no podemos forzarnos a salir de esta forma egoísta de emg pensando mucho en ello. Sobre todo, debemos aprender a observar el funcionamiento de nuestra mente. después, al prestarnos mucha atención a nosotros mismos, deberíamos ser capaces de detectar cuándo nuestro ego nos está haciendo actuar destructivamente.

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