Resumen del libro Pensamientos sin pensador Psicoterapia desde una perspectiva Budista por Mark Epstein

Resumen del libro Pensamientos sin pensador Psicoterapia desde una perspectiva Budista por Mark Epstein

Reseña/Sinópsis: Pensamientos sin pensador (1995) examina los principios budistas a través de una lente psicoanalítica. El libro describe cómo la meditación y la atención plena pueden calmar la mente, aliviar el sufrimiento y curar enfermedades mentales. 

¿Quién es Mark Epstein?

Mark Epstein es un psiquiatra cuyas experiencias le han proporcionado un interés único en las conexiones entre la psicoterapia y las prácticas de meditación budista. Ha escrito varios libros que exploran esta conexión, incluido The Trauma of Everyday Life (2013).

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La Rueda de la Vida

La Rueda de la Vida es una imagen muy conocida en el budismo que representa el universo, o más precisamente, la existencia misma. Esta rueda se centra en el deseo, la ira y la ilusión, que están representados por una serpiente verde, un gallo rojo y un cerdo negro, respectivamente, todos mordiéndose la cola. 

Los tres animales y las emociones que representan están en el centro de esta rueda porque el deseo, la ira y el engaño trabajan juntos para evitar que entendamos nuestro verdadero ser y mantenernos atados al mundo. Esta es la razón por la que se hace referencia a los tres como los “tres venenos” y se los considera la fuente de todo sufrimiento. Sin embargo, estas ideas no son exclusivas del budismo. 

Eros y Thanatos representan los mismos conceptos en el psicoanálisis de Sigmund Freud que la serpiente y el gallo en el budismo.  El psicoanálisis se dio cuenta del deseo, simbolizado por la serpiente, y la ira, simbolizada por el gallo, como dos de las primeras fuerzas. 

Según Freud, mientras que Eros y Thanatos son innatos en todos los humanos, los suprimimos. Defendía que la represión era la principal fuente de sufrimiento psicológico. En la mitología griega, Eros es el dios del amor o, como dijo Freud, el “impulso vital” que nos impulsa a reproducirnos. Debido a esta conexión, se percibe que tiene matices sexuales. 

Eso lo hace extrañamente similar a la serpiente budista del deseo, a pesar de que Freud no estaba interesado en el budismo. Sin embargo, para los budistas, el deseo es lo que nos mantiene luchando por experiencias placenteras, como el amor, y rechazando las desagradables, como el sufrimiento. Mientras tanto, Thanatos se define en la mitología griega como la personificación de la muerte y, según Freud, la “pulsión de muerte” explica la propensión humana a la ira. 

La muerte, según Freud, está involucrada en todos los aspectos de nuestra psique, provocando una profunda ira dentro de nosotros. Incluso dijo que el enfado de los demás nos hace pensar en la muerte, y que ser gritado por otra persona nos hace pensar en la muerte, por eso muchos de nosotros evitamos los enfrentamientos. El animal final, el cerdo negro, y la ilusión que representa, se discutirán a continuación.

El engaño, es el tercer núcleo de la rueda budista de la vida. 

El engaño, según el budismo, nos impide percibirnos a nosotros mismos con precisión. Una mala comprensión del <<yo>> es fundamental tanto para el budismo como para el psicoanálisis. 

Es la causa subyacente de una variedad de trastornos del comportamiento, como el trastorno disociativo, en el que el sujeto experimenta una escisión en su personalidad. Sin embargo, en el budismo, la verdadera naturaleza del <<yo>> es un concepto difícil de entender. 

La definición budista de la iluminación se basa en parte en la capacidad de captar el significado de “no yo”. El yo es distinto del ego, la parte de nosotros que toma decisiones mientras media entre nuestros impulsos naturales y las expectativas sociales. Los budistas creen que al distinguir el ego del <<yo>>, la meditación puede revelar la ausencia del <<yo>> y conducir a la iluminación. 

Si esto suena desconcertante, no estamos solos. De acuerdo con el budismo, a menos que hayamos alcanzado la iluminación, lo más probable es que suframos el cerdo negro de la ilusión. La mala interpretación del concepto del <<yo>> es fundamental para el punto de vista psicoanalítico, que defiende que somos propensos a entender un falso yo.

Esto pasa durante la infancia a medida que se desarrolla la mente. Cuando un niño se da cuenta poco a poco de que su madre ya no está con él, necesita algo más a lo que aferrarse.  Cuando somos bebés, nuestras madres son  atentas con nosotros y sentimos que somos parte de un todo unificado. Después, a medida que llegamos a entender la verdad y nuestras limitaciones, somos impulsados inconscientemente a sucumbir a la tentación de satisfacer todos nuestros deseos. Para acabar, esto puede conducir a la formación de un falso yo que niega lo indefensos y pequeños que somos.

El sentido del yo y su efecto sobre nuestra psicología

Durante nuestra infancia, con frecuencia se espera que nos comportemos según los deseos de nuestros padres, lo que a menudo implica ir en contra de nuestra verdadera naturaleza. Los niños no pueden actuar según sus instintos porque la sociedad espera que encajen y den una buena impresión. 

El sentido de identidad de una persona puede distorsionarse por completo como resultado de esta tensión entre la verdadera naturaleza de uno y el <<yo>> social. Con frecuencia nos vemos obligados a guardar silencio cuando todo lo que queremos hacer es gritar y, a veces, nos vemos obligados a decir lo que los demás esperan, independientemente de lo que pensemos. 

De esta forma, aprendemos que ser aceptado implica pretender ser alguien que no somos: alguien mejor, más inteligente, más fuerte o con más confianza. Suprimimos nuestros  pensamientos y sentimientos en el proceso. Como resultado de años de inflar y desinflar nuestro sentido de identidad, el resultado puede ser un trauma psicológico  arraigado. 

Un sentido inflado del ego está estrechamente relacionado con el narcisismo. Este trastorno se manifiesta como un egocentrismo patológico y un abrumador deseo de admiración. Los delirios grandiosos, la arrogancia y el orgullo son ejemplos de síntomas narcisistas. Consideremos el hecho de que muchos de nosotros estamos obsesionados con ideas como el individualismo, la cultura del “selfie” y la competencia, que son manifestaciones clásicas de un sentido inflado de uno mismo. 

Las personas deprimidas, en cambio, frecuentemente  expresan pensamientos nihilistas sobre que no importan y que bien podrían estar muertos. Es como si la persona deseara no tener un yo  en estas situaciones. Aparte de eso, la depresión puede causar sentimientos de vacío, alienación y culpa, de los cuales todos se basan en un sentido disminuido de uno mismo en comparación con los demás o el mundo en general.

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