Resumen del libro In Defense of Selfishness Why the Code of Self-Sacrifice is Unjust and Destructive por Peter Schwartz 2015

Resumen del libro In Defense of Selfishness Why the Code of Self-Sacrifice is Unjust and Destructive por Peter Schwartz 2015

Resumen corto/Sinópsis: In defense of selfishness explora el lado oscuro de un rasgo positivo: el altruismo. Este tipo de autosacrificio puede parecer bastante inocuo, pero como demuestran estos ejemplos, el concepto moral universalmente elogiado del altruismo no solo es falso, sino también irracional y peligroso. 

Una sociedad basada en el altruismo puede conducir al totalitarismo ya la pérdida de la única libertad que importa: la libertad individual. La solución según los objetivistas es el egoísmo. Egoísmo no como comportamiento amoral sino vivir como amor propio y una vida basada en principios, y el intercambio voluntario, en el que ninguna de las partes tiene que sacrificarse.El libro explica por qué, a diferencia de la creencia popular, el altruismo es dañino, devaluando tanto a los individuos como a las sociedades en su conjunto, y por qué el egoísmo es la alternativa liberadora. 

¿Quién es Peter Schwartz?

Peter Schwartz es el ex presidente de la junta directiva y miembro distinguido del Instituto Ayn Rand. Su tercer libro se titula En defensa del egoísmo.

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¿Qué es el altruismo?

¿Es el altruismo un requisito previo para la honestidad y la integridad? ¿Es capaz de generar igualdad y armonía social? Casi todo el mundo cree que poner a los demás por delante es moral; incluso aquellos que eligen actuar de forma poco ética no cuestionan el valor teórico del altruismo. 

Este punto de vista se popularizo con el auge del catolicismo por europa, debido  a que varios de sus Santos, como San Agustin, consideraban que la interpretación del antiguo testamento, del hecho de que estemos en este mundo debido a lo que llamaban el pecado original, es que debemos sacrificarnos por los demás e intentar ayudarles tanto como sea posible en un intento por expiar este pecado. 

Aunque esto puede sonar bien, y hasta correcto en teoría, las verdaderas consecuencias del altruismo, en cambio, aún están siendo investigadas. Debido a que requiere servidumbre en lugar de benevolencia, el altruismo implica subordinarse a otro. Podemos ver ejemplos de esto en el sistema de siervos de la gleva y equivalentes por toda europa, personas a las que se trataba como objetos y que venian incluidos cuando alguien compraba un terreno. 

Esta idea de sacrificarnos por los demas en un intento por vivir mejor después de la muerte ha causado grandes cantidades de sufrimiento por todo el mundo, porque, aunque puede ofrecer consuelo ante las dificultades de la vida, también ofrece una excusa para no buscar soluciones a los problemas a los que nos enfrentamos. 

El altruismo requiere que prioricemos los intereses de los demás sobre los nuestros e implica que no tenemos ningún derecho moral a existir por nuestro propio bien. Si seguimos el concepto del altruismo hasta sus consecuencias lógicas, veremos que para ser altruistas, debemos estar dispuestos a renunciar a nuestra riqueza, metas e intereses. El altruismo nos priva de nuestras posesiones, dinero, tiempo y posiblemente incluso de la vida. 

Esta idea es en parte en lo que se basa el comunismo al considerar que deberíamos ofrecerle todo al estado para que “decida” como hacer uso de todo lo que tenemos. Nuestras casas, ropa, e incluso nuestro tiempo dejan de ser nuestros y pasan a pertenecer a un grupo o sociedad más grande. Nos entregamos por el bien del grupo y, en efecto, ahora estamos sirviendo a los que menos tienen. 

Una propuesta reciente en Estados Unidos sobre la seguridad de las aerolíneas ejemplifica la naturaleza ilógica del altruismo. Muchas aerolíneas prohibieron que las personas ciegas se sentaran en las filas de emergencia; sin embargo, el capítulo de Nueva York de la Federación Nacional de Ciegos consideró que esta política era discriminatoria y propuso que se permitiera a las personas ciegas sentarse en las filas de emergencia. 

Esta propuesta incluso se convirtió en un proyecto de ley del Senado, poniendo en peligro a todos en el avión en nombre de la igualdad o, en otras palabras, el altruismo. Sólo hay dos tipos de personas, según un punto de vista puramente altruista: los que tienen necesidades y los que pueden asegurarse de que esas necesidades se satisfagan.  

Los gobiernos continuamente toman dinero de quienes pueden proporcionarlo y se lo dan a quienes no pueden. Y aunque hay casos en los que ofrecer un mínimo para permitir la supervivencia y calidad de vida, aplicar estas nociones a todo puede ser contraproducente, como se suele decir, la justicia esta en la igualdad de oportunidades, no en la igualdad de resultados.

¿Cuáles son los problemas del altruismo?

Todos hemos escuchado el argumento de que lo mejor para nosotros es sacrificarnos en nombre del bien público. Pero esta idea tiene varios problemas, entre ellos, el primero es que realmente no sabemos que significa el bien común. Este concepto es bastante ambiguo, y muchas veces se asume que hace referencia a lo que quiera la mayoría, que a su vez puede acabar causando lo que se conoce como una dictadura de las mayorías. 

En su libro, Sobre la Libertad (1859), de John Stuart Mill aborda la naturaleza y los límites del poder que la sociedad puede ejercer legítimamente sobre el individuo. Mill cree que sólo adhiriéndose al Principio de la Libertad pueden las instituciones políticas y sociales de una sociedad democrática cumplir su papel de dar forma al carácter nacional, permitiendo a sus ciudadanos seguir sus propias metas y deseos. 

Para John Stuart Mill las libertades del individuo son fundamentales, y  Â«el único fin por el cual la humanidad está autorizada, individual o colectivamente, a interferir con la libertad de acción de cualquiera de ellos es la autoprotección». «La única razón legítima para ejercer el poder sobre cualquier miembro de una comunidad civilizada contra su voluntad es evitar el daño a los demás. Su propio bien, ya sea físico o moral, es una justificación insuficiente». 

Según Mill, los «daños» que pueden evitarse incluyen tanto actos de omisión como actos de comisión. Por lo tanto, no salvar a un niño que se está ahogando, así como no pagar impuestos o no comparecer como testigo ante el tribunal, cuenta como un acto dañino. Según Mill, no cuenta como daño a alguien si la persona afectada, sin uso de fuerza o manipulación, esta dispuesta a asumir el riesgo: por lo tanto, ofrecer un empleo inseguro a otros es permisible siempre que no haya engaño de por medio. Pero a su vez defiende que la sociedad no debería permitir que las personas se vendan como esclavas.

Aunque la cuestión de qué constituye una acción egoísta y qué acciones, ya sea por omisión o por comisión, constituyen daños sujetas a regulación sigue estando en debate.

El sacrificio personal, según los defensores del altruismo, beneficia a la sociedad. Sin embargo, esta es una suposición falsa. ¿Por qué sería de interés público construir un parque pero no un centro comercial? Aquellos a favor del parque argumentarían que debido a que no hay tarifa de admisión, solo requiere financiamiento del gobierno; sin embargo, alguien debe pagar por ello. 

Al hacer uso del termino bien común muchas veces estamos obviando la realidad de que para hacer algo debemos sacrificar otra cosa, y nos escudamos en que “la mayoría lo quiere”, para no hacer frente a la realidad de que siempre hay minorías que pueden tener otras necesidades.

Los ciudadanos pagan el parque con sus impuestos, aunque no lo usen, y el centro comercial es gratuito. El concepto de altruismo eventualmente nos lleva al concepto de colectivismo. La idea hegeliana de que el estado tiene derechos supremos sustenta muchos de los estados modernos. La naturaleza colectiva de la sociedad se convierte en parte de nuestra identidad porque nuestra identidad se deriva de nuestra pertenencia al grupo colectivo. 

Cualquier forma de colectivismo eventualmente nos hace dependientes de la sociedad en la que vivimos, dejándonos indefensos como individuos. Cuando un miembro de una sociedad colectiva ve su posición como nada más que una pequeña parte de un todo más grande, es más probable que obedezca órdenes ciegamente. 

El colectivismo, en el peor de los casos, conduce al totalitarismo. Los estados cuidan a los individuos de la misma forma que los granjeros cuidan a los pollos y cerdos. Los granjeros crían animales porque los animales producen bienes como jamón y huevos, que benefician al granjero. Cumplimos el mismo propósito para los estados, somos un bien o un producto. El estado puede ganar extendiendo nuestro trabajo, tiempo o incluso vida.

El altruismo y la libertad de pensamiento

La doctrina altruista no solo controla nuestro sentido moral, sino que también nos dice qué creer. Una persona que vive una vida desinteresada ha perdido sus convicciones. El desacuerdo, según el altruismo, es malo y en su rama más totalitarista nos lleva a un mundo Orwelliano en el que debemos obedecer incluso con nuestros pensamientos. Como resultado, las personas en una sociedad altruista creen en lo que se les dice el estado, y viven de acuerdo a ello como si fuera la única verdad.

El fundador de la Gestapo nazi, Hermann Goering, defendió la inusual política económica de Hitler diciendo: “Les digo, si el Führer lo desea,  dos por dos es cinco”. Esto puede llevar a las personas a creer que sus vidas deben entregarse al grupo. El desinterés puede ser un fin en sí mismo, en lugar de solo un medio para un fin. 

«La lucha entre la libertad y la autoridad es el elemento más característico de las partes de la historia»– John Stuart Mill

En la antigüedad, la libertad era un “conflicto… entre súbditos, o algunas clases de súbditos, y el gobierno» –John Stuart Mill

Mill definió la libertad social como la libertad de la «tiranía de los gobernantes políticos». Introdujo una serie de conceptos diferentes de las formas que puede tomar la tiranía, incluida la tiranía social y la tiranía de la mayoría. 

Para Mill, la libertad social significaba limitar el poder del gobernante para que no pudiera usarlo para promover sus propios caprichos y, de alguna forma, tomar decisiones que pudieran dañar a la sociedad. Según Mill, los ciudadanos deberían poder influir en las decisiones gubernamentales. Definió la libertad social como «la naturaleza y los límites del poder que la sociedad puede ejercer legítimamente sobre el individuo». 

Para ello, propuso dos alternativas o métodos, ambos vigentes en la mayoría de países de occidente: primero, obteniendo el reconocimiento de inmunidades específicas (conocidas como libertades o derechos políticos); y segundo, estableciendo un sistema de “check and balances” o «verificaciones constitucionales», que hace referencia a que ninguno de los órganos de gobierno debería tener un control absoluto. 

Esta última, propuesta antes por pensadores como John Locke y con ciertos sistemas similares anteriormente, es una de las razones por las que la mayoría de gobiernos, que no sean una dictadura, suelen tener una división, al menos aparente, entre el poder ejecutivo, el legislativo y el poder judicial.

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