Resumen del libro Flawsome por Georgia Murch

Resumen del libro Flawsome por Georgia Murch

Resumen corto: Flawsome (2020) es una guía para convertirnos en quién queremos ser, a través de aprender a aceptar nuestras partes no tan perfectas. Muchos de nosotros buscamos formas de ocultar nuestros defectos, pero la clave para crecer en nosotros mismos es aceptar estos defectos, comprender de dónde provienen y aprender de ellos.

¿Quién es Georgia Murch?

Georgia Murch es una experta en el proceso de obtener feedback con más de 20 años de experiencia. Ha ayudado a organizaciones de todo el mundo a diseñar sistemas de feedback efectivos y trata temas como la creación y gestión de equipos de alto rendimiento, liderazgo, y comunicación y feedback. Es la autora de Fixing Feedback and Feedback Flow.

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¿Podemos imaginar que un objeto se vuelva valioso después de romperse? 

Eso puede sonar extraño, pero es lo que le sucede a la cerámica en el arte japonés de

Kintsukuroi/Kintsugi. Es la técnica de técnica de origen japonés para arreglar fracturas de cerámica con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino. Es una técnica que se basa en el mismo principio que la idea de resiliencia, se basa en aprovechar las roturas, para añadir valor a las piezas. 

No hay dos piezas de cerámica de Kintsukuroi que tengan las mismas grietas cada una tiene atractivo y valor debido a sus defectos únicos. Esta forma de arte se relaciona con la corriente filosófica del wabisabi, que se basa en aceptar los defectos de las cosas, la vida en general, tal y como son y encontrar la belleza en estos. 

Nota sobre el contexto social de japón durante la época

Esta corriente empezó a ganar tracción durante la vida de Nobunaga Oda, uno de los daimyou, “generales” o señores feudales, más famosos de la era de “estados en guerra”, sengoku jidai. Y gano su máximo esplendor gracias al trabajo de Sen no Rikyuu cuyo trabajo popularizó la ceremonia del té entre los distintos daimyou

Su popularidad creció hasta el punto en que uno de los premios que se daban a los mejores generales después de una batalla pasaron a ser jarrones, tazas de té, y otros objetos que se pudiesen usar para expresar el wabisabi o para la ceremonia del té. Junto a esta corriente, se popularizo el uso del color negro como una forma de expresar el sentimiento de imperfección, y por lo tanto belleza.

Ser capaz de ofrecer la mejor ceremonia del té se convirtió en una de las formas de ganar estatus entre los distintos señores feudales, algo bastante interesante teniendo en cuenta que fue una de las épocas con menos estabilidad y más violencia de la historia de japón. Un gran ejemplo de cómo sin importar la época siempre necesitamos crear nuevas formas de cultura.

Fin de la nota

El primer instinto de la mayoría es ocultar nuestros defectos. Sentimos que son cosas que no deberíamos tener, o que al menos no queremos que otros conozcan, pero al ocultarlos, no hacemos más que crear una imagen artificial que se puede desmoronar en cualquier momento. 

Lo que no entendemos cuando ocultamos todas nuestras imperfecciones, que estamos perdiendo la oportunidad de sacar partido a una de las pocas cosas que nos unen a otros humanos. Todos tenemos problemas, todos tenemos cosas que queremos mejorar, o que buscamos cambiar. Dejar de esconderlas y aceptarnos tal y como somos, sin dejar de lado la oportunidad de mejorar hacia nuestros ideales, es una de las mejores formas de ganar confianza a la larga. 

En la década de 1960, el psicólogo social Elliot Aronson acuñó un término para esta tendencia humana a sentir afecto por las personas que son capaces de mostrar y aceptar sus defectos. Lo llamó el efecto Pratfall. La idea es que los errores, como dejar caer algo o tropezar, demuestran la vulnerabilidad de una persona. Eso aumenta nuestros sentimientos de simpatía hacia ellos y hace que parezcan más entrañables. 

Esta es una de las razones por las que los personajes dojikko, personajes con tendencia a cometer pequeños errores en el día a día, son tan populares. Quizá lo son porque nos permiten sentirnos más tranquilos al ver cómo muestran su vulnerabilidad, nos permiten “bajar la guardia”, dejar de intentar ser perfectos y por lo tanto un sentimiento de relax. 

Pero si los defectos incrementan la simpatía, ¿por qué tenemos tanta aversión a los nuestros? La respuesta tiene que ver con nuestra sensibilidad al feedback tanto verbal como no verbal. Anticipamos los comentarios que nos puedan decir, o que nos puedan juzgar. Si un extraño nos mira en público, asumimos que es porque estamos haciendo algo mal, o porque tenemos algo en la cara o la ropa. Pero muchas veces no es más que nuestra mente jugándonos malas pasadas, o quizá nos estan mirando porque nosotros hemos empezado a mirar. 

La autora nos recomienda que en lugar de tratar de ocultar nuestros defectos, los aceptemos por completo. Una vez que lo hagamos, el feedback se convierte en información de la que podemos elegir aprender o ignorar por completo. Como la cerámica Kintsukuroi, nuestros defectos nos hacen irreemplazables. 

No podemos resolver un problema interno con una solución externa

Aprender a vivir con nuestra imperfección es un trabajo interno. Antes de comenzar nos sentimos atrapados por la culpa y negación, nos ponemos a la defensiva y culpamos a otros de nuestros problemas. No reconocer nuestro papel en la ruptura de una relación, por ejemplo, es un gran ejemplo de nuestra tendencia a culpar a los demás. 

No podemos esperar a que otras personas cambien, tenemos que hacer el cambio nosotros mismos. Podemos conseguirlo reconociendo las reacciones y comportamientos que nos frenan, y buscando soluciones. 

La autora nos recomienda aprender a perdonarnos a nosotros mismos, entrenar nuestra capacidad de ser conscientes de lo que estamos haciendo en cada momento, desarrollar nuestra curiosidad, y asumir la responsabilidad de nuestra vida, nuestros problemas, y desarrollar disciplina. Una vez que lo hacemos, iniciamos un proceso de crecimiento personal.

El efecto de los triggers emocionales

Imaginemos lo siguiente: Estamos en medio de una conversación cuando de repente tenemos una reacción intensa y negativa al comentario de alguien. Nuestros músculos se tensan y las palmas de la mano se nos llenan de sudor. Sin darnos cuenta, hemos dicho o hecho algo de lo que no estamos orgullosos.

Esto seguramente nos haya pasado a todos en algún punto, y según la autora, es lo que se conoce como reacción a un “trigger”, o señal. Son ideas o personas que causan estrés y provocan reacciones negativas y son los principales obstáculos para que obtengamos información y aprendamos de ella.

Los signos fisiológicos como palmas sudorosas y el sentirnos confusos nos dirán si estamos encontrando un detonante. Pero si sabemos cuáles son nuestros factores desencadenantes, podemos comenzar a controlar nuestras reacciones incluso antes de que nuestro cuerpo nos envíe señales de angustia. Con este fin, es útil comprender los diferentes tipos de desencadenantes. 

  • Los desencadenantes de contenido son información o ideas que consideramos inútiles, injustas o con las que no estamos de acuerdo. 
  • Los factores desencadenantes de las relaciones tienen que ver con los que comparten esa información y cualquier sentimiento negativo que podamos tener sobre ellos. 
  • Desencadenante de “entrega” o forma: Cuando es la forma en que se comparte la información lo que nos impulsa a cerrarnos y dejar de escuchar, estamos lidiando con un problema de entrega. 
  • Los desencadenantes de la identidad son ideas sobre nosotros que chocan con nuestro sentido de identidad. Por ejemplo, la autora experimentó uno de estos cuando un compañero de trabajo la describió como “intimidante”, un rasgo con el que nunca se había identificado.

Prestar atención a lo que nos desencadena nos permitirá comenzar a ver patrones que pueden ayudarnos a identificar situaciones potencialmente desencadenantes. Esto nos da la oportunidad de controlar nuestras reacciones antes de que las cosas se salgan de control.
Para limitar el efecto de un momento desencadenante, la autora nos recomienda empezar retrasando nuestra respuesta y centrarnos en nuestra respiración. Esto nos da algo de tiempo para reagruparnos y pensar en lo que estamos sintiendo y cómo estamos a punto de reaccionar. Podemos usar este tiempo para considerar qué nos está llevando a reaccionar, qué papel desempeñamos en la situación y si hemos tenido una experiencia similar antes. Y llegados a este punto podemos pensar qué tipo de reacción nos permitirá aprender de la situación.

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