Resumen del libro El monje urbano Sabiduría oriental para occidentales por Pedram Shojai  (The Urban Monk)

Resumen del libro El monje urbano Sabiduría oriental para occidentales por Pedram Shojai  (The Urban Monk)

Reseña/Sinópsis: El monje urbano (2016) es una guía práctica para vivir la vida moderna con una mentalidad más monástica. Está repleto de consejos sobre cómo integrar la sabiduría antigua en nuestro estilo de vida moderno, basándose en las tradiciones espirituales orientales, la ciencia contemporánea y la vida de nuestros antepasados. Aborda una amplia gama de problemas personales, como el estrés, los malos hábitos alimenticios y la falta de tiempo, energía y sentido de propósito. 

¿Quién es Pedram Shojai?

El ex monje taoísta Pedram Shojai es doctor en medicina oriental, maestro de qigong y practicante de kung fu y tai chi desde hace mucho tiempo. Es el presentador del podcast The Urban Monk, el fundador de Well.org y el productor de los documentales Vitality, Origins y Prosperity. Entre sus otros trabajos se encuentran El arte de detener el tiempo y Alquimia interior. Pedram Shojai es Doctor en Medicina Oriental y sacerdote ordenado del Monasterio del Dragón Amarillo en China. Sus libros anteriores incluyen el best-seller del New York Times The Urban Monk. Presenta el podcast del mismo nombre.

Lecciones de nuestros antepasados

A pesar de los avances en tecnología, medicina y niveles de vida, los humanos modernos no somos las personas más felices o sanas del planeta. No tenemos suficiente tiempo, energía, sueño o ejercicio. Estamos solos, estresados, aislados de la naturaleza y nuestras vidas carecen de un sentido de propósito. 

Para resolver este problema, tendremos que cambiar nuestra forma de vida. No tenemos que empezar de cero, afortunadamente. Podemos aprender de la sabiduría antigua. Gran parte de ella nos ha sido transmitida a través de las tradiciones espirituales orientales, pero parte de ella proviene de una fuente aún más antigua: nuestros antepasados. 

No tenemos que suscribirnos a ningún sistema de valores en concreto para ser un “Monje Urbano”. Tenemos la libertad de aprender de cualquier fuente de conocimiento. Debido a que sus estilos de vida estaban en armonía natural con las necesidades humanas, nuestros antepasados son un buen lugar para empezar. 

Podríamos resolver muchos de los problemas actuales si viviéramos más tiempo. Consideremos el sueño, que es una de nuestras necesidades básicas. Cuando el sol se ponía, nuestros antepasados no tenían nada más que el suave resplandor del fuego, la luna y las estrellas para llenar la oscuridad. 

Sin embargo, la oscuridad resultante resultó ser una bendición disfrazada. Provocó una serie de reacciones bioquímicas en sus cuerpos, preparándolos para dormir. Por el contrario, los humanos modernos pasamos la noche inmersos en el brillo artificial de las bombillas y las pantallas electrónicas. 

Esto engaña a nuestro cerebro para que piense que todavía es de día, lo que provoca la liberación de hormonas diseñadas para mantenernos despiertos, lo que dificulta el sueño. ¿Cómo podemos prepararnos para la hora de acostarnos más como nuestros antepasados? Es simple: después de las 8 p. m., deberíamos apagar nuestros dispositivos. 

Es la forma ideal de relajarse al final del día. Y ejemplifica una sensación más amplia de angustia. Para ser Monje Urbano, no necesitamos unirnos a un monasterio. Podemos cambiar nuestra vida sin ir a las montañas si usamos algunos trucos simples pero efectivos.

El estilo de vida del monje urbano

Prepararse para dormir es solo el comienzo de lo que podemos aprender de nuestros antepasados. Estudiar cómo vivían nuestros antepasados del Paleolítico nos puede ayudar a evitar muchos de nuestros problemas modernos. 

¿Soledad? Eran miembros de familias y tribus extendidas muy unidas. ¿Hacemos suficiente ejercicio? Sus días los pasaban cazando presas, recolectando fruta, caminando por bosques y huyendo de los depredadores. 

¿Aislamiento de la naturaleza? Estaban rodeados de ella todo el día, y la supervivencia requería un conocimiento íntimo de su entorno. La lista podría continuar, pero nos hacemos una idea. Veamos qué más podemos hacer para vivir más como nuestros antepasados antes de sumergirnos en las prácticas espirituales orientales. 

No se deje engañar por las palabras “urbano” o “monje”. Ser un Monje Urbano no implica ser un urbanita que se sienta solo todo el día a reflexionar sobre el sentido de la vida. Para lograr la paz interior, debemos trabajar en la satisfacción de nuestras necesidades, lo que para muchos de nosotros significa más ejercicio, más socialización y más tiempo en la naturaleza. 

Podemos reconectar con la naturaleza ofreciéndonos como voluntarios en una organización de conservación local, inscribiéndonos en un curso de entrenamiento en habilidades de supervivencia, o yendo de campamento, pescando, observando aves, caminando, andando en bicicleta, escalando rocas, navegando en kayak: la lista es interminable. 

Muchas de estas actividades al aire libre pueden duplicarse o incluso triplicarse como formas agradables de ejercicio, así como excelentes formas de conocer gente nueva o cultivar relaciones existentes. 

Todo lo que tenemos que hacer es unirnos a un club de actividades al aire libre, invitar a amigos o familiares a unirse a nosotros en nuestra próxima aventura o entablar una conversación con extraños que nos encontremos en el camino.

¿Qué significa ser un monje?

Los monjes en la antigüedad no se pasaban sus días meditando en sus monasterios. Pasaban su tiempo al aire libre realizando tareas físicamente exigentes, como ir a buscar agua y cortar leña. Los monjes budistas incluso tenían un dicho al respecto: “ Después del zen, ve a buscar un poco de agua y corta un poco de leña”. 

Ser un monje implica más que ser una persona “espiritual”. Lo mismo se aplica a ser un monje urbano. Muchos monjes orientales practicaban artes marciales, como tai chi y kung fu, además de sus tareas.  

Aprender un arte marcial puede ser difícil, doloroso y requiere mucho tiempo, dominarlo requiere disciplina, compromiso y persistencia. No podemos evitar los desafíos, tenemos que aceptarlos como oportunidades para superar nuestros límites físicos y mentales. Así es como desarrollarse como artistas marciales. Y también es así como nos desarrollamos como personas. 

La dificultad de mejorar el kung fu es una metáfora de la dificultad de la vida misma.  Como “monjes urbanos” podemos seguir sus pasos aprendiendo kung fu, tai chi u otro arte marcial. El objetivo no es aprender algunas técnicas de defensa personal. Es aprender a abordar todo en la vida como una forma literal de kung fu. 

Podríamos estar escalando rocas, evitando los dispositivos electrónicos por la noche o apretando los dientes mientras nos esforzamos por terminar una tarea difícil (“cortar leña, buscar agua”). Se trata de aceptar los desafíos que se nos presentan, verlos como oportunidades de crecimiento personal y dedicarnos al  trabajo de superarlos lo es todo.

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