Resumen del libro El Libro de los Humanos por Adam Rutherford (The Book of Humans: The Story of How We Became Us, 2018)

Resumen del libro El Libro de los Humanos por Adam Rutherford (The Book of Humans: The Story of How We Became Us, 2018)

Resumen corto: The Book of Humans (2018) es un recorrido por la historia evolutiva. Presenta tanto las cualidades que compartimos con los animales como las muchas otras que nos distinguen. Al incorporar los últimos descubrimientos científicos de genética y la arqueología, proporciona nos permite apreciar más la variedad de vida en la Tierra.

¿Quién es Adam Rutherford?

Adam Rutherford es un escritor de ciencia, podcaster, speaker y presentador de radio. Habitual de la BBC y colaborador frecuente de The Guardian, es autor de varios libros sobre la evolución humana. Tiene un doctorado en genética de University College London.

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No somos únicos

A los humanos nos gusta pensar que somos reyes entre los animales, pero esta perspectiva no tiene en cuenta que todos hemos pasado por los mismos procesos evolutivos. Los animales tienen sexo, como nosotros. Construyen estructuras sociales, e incluso utilizan herramientas. Quizá lo único que nos hace un poco especiales, es que ninguna otra especie tiene poderes cognitivos tan sofisticados como los nuestros; ningún otro tiene un idioma o una cultura tan compleja como la nuestra. 

Una herramienta es algo externo al cuerpo de un animal que se utiliza para expandir lo que podemos hacer. Una herramienta puede ser un objeto encontrado, un objeto modificado o algo completamente fabricado, dentro de esta ultima categoria entraría la tecnología. Un tenedor nos permite comer sin que las bacterias en nuestra mano lleguen al alimento. Un ordenador nos permite acceder al conocimiento de otras personas y comunicarnos con ellos.

Los chimpancés, por ejemplo, usan palos para cazar termitas. Los orangutanes los usan para pescar y los gorilas los usan para probar las profundidades de las aguas antes de cruzar. Cómo se explica en el libro The Bird Way, muchas aves son capaces de usar herramientas para capturar insectos, y algunas de ellas son incluso capaces de expandir los incendios para conseguir alimento.

Sin embargo, a pesar de la impresionante variedad de uso de herramientas en el reino animal, la prevalencia es baja: tan solo el 1 por ciento de todas las especies las usa. 

La tecnología es relativamente rara. Y ninguna otra tecnología especie la ha desarrollado tanto como nosotros. Eso es en parte porque pocos otros animales tienen cerebros tan grandes como el nuestro. Tambien se cree que nuestras capacidades se deben a nuestras manos y nuestros pulgares, que nos permiten manejar los materiales con mayor facilidad, y por lo tanto permiten que aquellos que puedan sacar más partido a las herramientas tengan una mayor probabilidad de dejar descendencia.

Los delfines nariz de botella de Shark Bay, Australia

Estos delfines llenan sus picos con esponjas marinas vivas antes de buscar comida en el suelo. La esponja actúa como una especie de “barrera”, protegiendo los picos de los delfines de todos los rincones y grietas, y este es un ejemplo de cómo ciertos animales hacen uso de otros para cazar.

El uso de esponjas no está codificado en el ADN de los delfines; es una habilidad que aprenden, las madres les enseñan a sus hijas. Este es un proceso al que los científicos se refieren como transmisión cultural.

Algunos de los animales no humanos en los que se ha observado transmisión cultural son delfines, monos y pájaros. Veamos un ejemplo. En 2013, investigadores de Seattle, Washington, acondicionaron a un grupo de cuervos para que reconocieran una mascarilla como amenazante y otra como benigna. Cinco años después, se acercaron a los mismos pájaros, los cuervos huyeron de la “máscara peligrosa” e ignoraron la otra. Al parecer, habían aprendido a “temer”, a esa máscara.

Lo fascinante es que las nuevas aves del grupo, es decir, la descendencia respondía de la misma manera. Parecían haber aprendido de sus mayores cómo evaluar el nivel de amenaza de los rostros humanos. 

Eso no quiere decir que el ADN no desempeñara ningún papel. Con demasiada frecuencia, los científicos hablan de las habilidades aprendidas como si estuvieran de alguna manera separadas de la biología. Pero la evolución cultural y biológica están fundamentalmente entrelazadas. La transmisión cultural de ideas y habilidades requiere una capacidad codificada biológicamente para adquirirlas. los

La práctica humana de la agricultura, por ejemplo, no está codificada biológicamente; pero las regiones del cerebro necesarias para comprender el proceso, al igual que las manos necesarias para cultivar la tierra, son elementos que tenemos debido a nuestros genes.

La transición a la agricultura

La dieta paleo, fomenta la alimentación de la forma en que lo hacían nuestros antepasados, o al menos de la forma en que algunas personas piensan que lo hicieron. Los defensores del paleo afirman, no sin controversia, que la agricultura fue un desastre para el sistema digestivo humano. Y no son los únicos que critican la agricultura.

Muchos académicos han argumentado que la transición a la agricultura provocó la desaparición gradual de las estructuras sociales igualitarias. Pero, la sociedad moderna tal como la conocemos no existiría sin la agricultura. Libros, museos, Facebook, Youtube, videojuegos: básicamente, la tecnología que usamos en la actualidad no podría haber surgido si no nos hubiéramos asentado gracias a la agricultura.

Es difícil exagerar la importancia de la agricultura en la evolución humana. Es una fuerza que incluso ha cambiado nuestros genes. El ejemplo clásico es nuestra capacidad para procesar leche.

Hace unos 7.000 años, poco después de que empezáramos a cuidar animales, una mutación desarrollada en nuestro código genético nos dio la capacidad de beber leche hasta la edad adulta. En el momento en que los humanos obtuvieron la capacidad de alimentarse de la leche de otros animales, desarrollaron la capacidad de procesarla. Una de las formas en que podría haberse logrado, es a través de la “selección indirecta” de aquellos individuos que podían conseguir más energía de la leche.

En lugares fríos como el norte de Europa, en los que es difícil cultivar plantas a lo largo del año, ser capaz de alimentarse de la leche de algún animal podía significar la diferencia entre la vida y la muerte. De esta forma, fue aumentando el número de personas que podía procesarla, gracias a que eran los que tenían mas probabilidades de sobrevivir y dejar descendencia.

Otro dato interesante respecto a la agricultura, además de su efecto sobre nuestros genes, es que no somos los únicos “agricultores del reino animal”. Mientras que los humanos han estado cultivando durante los últimos 12.000 años, las hormigas leaf-cutter, corta-hojas, llevan 60 millones de años haciéndolo. 

Son las hormigas que suelen aparecer en documentales, cargando trozos de hojas cortadas. Contrariamente a la creencia popular, esas hojas no son para comer. Las hormigas las usan para alimentar a un hongo que cultivan en sus nidos, uno que es necesario para su supervivencia.

Quizá la única diferencia entre nosotros y estas hormigas, es que en lugar de centrarnos únicamente en un tipo de cultivo, hemos adaptado la técnica a distintas regiones y plantas, multiplicando con ello el número de alimentos a los que tenemos acceso, y con ello, mejorando nuestras posibilidades de supervivencia. 

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