Resumen del libro Deshacer la ansiedad La nueva ciencia que te ayudará a romper el ciclo de preocupación y miedo que domina tu mente por Judson Brewer (Unwinding Anxiety)

Resumen del libro Deshacer la ansiedad La nueva ciencia que te ayudará a romper el ciclo de preocupación y miedo que domina tu mente por Judson Brewer (Unwinding Anxiety)

Reseña/Sinopsis: Deshacer la ansiedad (2021) analiza la ciencia del cerebro detrás de los malos hábitos que nos mantienen atascados. ¿Alguna vez hemos tratado de convencernos de no comer compulsivamente o posponer las cosas? Si lo hemos intentado sabremos que simplemente no funciona. Eso se debe a que la adicción y los patrones de pensamiento obsesivo están controlados por nuestro cerebro instintivo de supervivencia, no por nuestro cerebro racional. Aprender a sacar partido a nuestro cerebro mediante técnicas de atención plena nos permitirá liberarnos de la preocupación crónica, la ansiedad y otros hábitos obsesivos. 

¿Quién es Judson Brewer?

Judson Brewer, MD, PhD, es un renombrado psiquiatra e investigador en adicciones. Es director de investigación e innovación en el Centro de Atención Plena de la Universidad de Brown, además de ser profesor asociado en la Facultad de Salud Pública y la Facultad de Medicina de la universidad. Su charla TED sobre romper malos hábitos ha sido vista más de 16 millones de veces. 

Una breve descripción de la ansiedad

La ansiedad es algo que la mayoría de nosotros consideraríamos bastante normal. Sin embargo, pocas personas son conscientes de que la ansiedad clínica es un tipo de enfermedad mental. Se diagnostica con más frecuencia que la depresión, y una de cada seis personas en todo el mundo experimentará ansiedad clínica durante al menos un año a lo largo de su vida. 

Los inuit de Groenlandia se refieren a ella como “angustia de kayak”, mientras que los iraníes se refieren a ella como “angustia del corazón”. Todos estos términos se refieren a un mismo estado y demuestran que la ansiedad es algo a lo que nos enfrentamos como especie sin importar nuestra cultura, independientemente de cómo estén etiquetados. 

La ansiedad clínica no solo se manifiesta en todos los países y culturas, sino que tampoco está relacionada con ninguna era en concreto y se ha discutido en documentos históricos. Platón e Hipócrates, el famoso médico griego, tenían teorías sobre la enfermedad, Spinoza escribió sobre ella y Sigmund Freud estaba obsesionado con descubrir y definir los mecanismos de la ansiedad. 

Es importante notar que la ansiedad no es un defecto de carácter, sino algo por lo que todos pasamos cuando sentimos que somos incapaces de lidiar con las circunstancias. Algunos argumentan que la ansiedad es la fuerza impulsora detrás de la civilización, la creatividad y el ingenio.  Muchas personas con éxito e influyentes, como Gandhi, Charles Danvin y Barbra Streisand, han luchado contra la ansiedad. 

Junto con estas figuras conocidas y respetadas, aproximadamente 40 millones de estadounidenses han sido diagnosticados con la forma clínica de esta enfermedad. Con una estadística tan asombrosa, sería absurdo etiquetar a todas estas personas como “locas”. Lejos de ser un “loco” que no puede triunfar en la vida, el autor es un exitoso periodista y editor que puede mantener a su familia y criar a sus hijos a pesar de su crónica y leve enfermedad, y demuestra que la ansiedad es algo a lo que tenemos que enfrentarnos todos sin importar nuestra posición o éxito profesional.

La ansiedad y nuestro cerebro

Los seres humanos tienen dos partes en el cerebro, que evolucionaron en diferentes momentos. La parte “vieja” incluye el sistema nervioso autónomo, que regula nuestras respuestas de supervivencia primarias. Y hace alrededor de un millón de años, se desarrolló otra parte del cerebro: la corteza prefrontal. Esta parte de nuestro cerebro es responsable de la planificación, el razonamiento y la predicción. Nos permite encontrar patrones y adaptar nuestro comportamiento según la experiencia pasada. 

La ansiedad ocurre cuando la corteza prefrontal no tiene suficiente información para predecir  lo que sucederá. Por ejemplo,  el comienzo de la pandemia de COVID-19 presentó la tormenta perfecta para dar rienda suelta  a nuestra ansiedad. Había tantas cosas de las que no estábamos seguros. ¿Encontraríamos una vacuna? ¿Estaban las personas asintomáticas propagando el contagio? Al principio, nadie sabía nada . Incluso figuras de autoridad de confianza, como los médicos y nutricionistas, buscaban su camino en la oscuridad. 

La ansiedad emerge de la región de nuestro cerebro encargada de la supervivencia, pero en realidad no tiene una función evolutiva útil. A diferencia del miedo, no nos impulsa a escapar de un depredador, sino que simplemente nos deja en un estado tensión constante. Simplemente nos mantiene despiertos por la noche mirando al techo. La ansiedad y el estrés apagan la parte racional de nuestro cerebro. Para desenredar nuestra ansiedad, vamos a tener que aprender a reconfigurar las respuestas de nuestro cerebro.

¿Qué nos viene a la mente cuando pensamos en la adicción? 

¿Gente acurrucada en las puertas, inyectándose heroína? ¿Apostadores que juegan en tragaperras hasta que han gastado todos sus ahorros? Estas imágenes estereotipadas de la adicción hacen que parezca algo inusual o algo que solo les pasa a las personas en circunstancias extremas. Pero la adicción es en realidad una parte de nuestra vida diaria. 

Se basa en pensar en el par de zapatos extra que no pudimos evitar comprar a pesar de que andamos cortos de dinero. O el hecho de que no podemos dejar de navegar por las redes sociales a pesar de que tenemos una tarea pendiente. O el hecho de que no podemos dejar de preocuparnos, aunque sabemos que solo nos pone ansiosos. 

La preocupación también es una adicción, un comportamiento que no podemos dejar de tener aunque alimente nuestra ansiedad y perjudique nuestro bienestar. Como con todas las adicciones, la preocupación proporciona un escape temporal de los sentimientos difíciles. 

Imaginemos que empezamos a sentirnos ansiosos. Es una sensación incómoda, por lo que inmediatamente empezamos a preocuparnos por ella. Imaginamos situaciones del fin del mundo o planeamos formas de hacer que el sentimiento desaparezca. Preocuparse es seductor, porque parece que estamos trabajando para encontrar una solución. La mayor parte del tiempo, sin embargo, en realidad estamos haciendo es buscar formas de huir de la realidad. 

Todo lo que hace la preocupación es distraernos de la emoción negativa que sentimos en primer lugar. Esa distracción adormece temporalmente los sentimientos difíciles y, por lo tanto, se siente más gratificante para nuestro cerebro que la emoción original. Estas recompensas vienen de nuestros “viejos cerebros”, que ayudaron a asegurar nuestro rival solar al desarrollar un sistema de aprendizaje basado en recompensas. 

Por ejemplo, si un cavernícola descubriera algún alimento nutritivo y lo comiera, su cerebro se inundaría de dopamina, haciéndolo sentir bien. Eso significaba que sería más probable que recordara dónde encontró la comida y repitiera el comportamiento. De forma similar, si nuestro cerebro aprende que la preocupación proporciona un alivio temporal, cada vez que estemos ansiosos, nuestro cerebro activará la preocupación. Se convierte en un hábito compulsivo, sobre el cual no tenemos control. 

Pero el problema es que preocuparse en realidad nos hace sentir más ansiosos, lo que, a su vez, hace que nos preocupemos un poco más. Este círculo vicioso puede afectar gravemente a nuestro bienestar. Pero por suerte, podemos romper el ciclo y, al hacerlo, liberarnos de los pensamientos ansiosos.

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