Biografía Herbert A. Simon

Biografía Herbert A. Simon

¿Quién es Herbert A. Simón?

Herbert Alexander Simon, popularmente conocido como Herbert A. Simón, (1916 – 2001) fue un politólogo estadounidense con un doctorado cuyo trabajo tuvo un impacto en la informática, la economía y la psicología cognitiva. Su principal interés de investigación fue la toma de decisiones a nivel de organizaciones, y es mejor conocido por sus teorías de “racionalidad limitada” y “satisficing”. 

En 1978, fue galardonado con el Premio Nobel de Ciencias Económicas, y en 1975, consiguió el Premio Turing en ciencias de la computación.  Su investigación destacó por su naturaleza interdisciplinaria, que abarca la ciencia cognitiva, la informática, la administración pública, la gestión y la ciencia política.  De 1949 a 2001, pasó la mayor parte de su carrera en la Universidad Carnegie Mellon. 

En particular, Simon fue un precursor en varios dominios científicos modernos, incluido el procesamiento de información, la toma de decisiones, la resolución de problemas, la teoría organizacional y los sistemas complejos. Fue uno de los primeros en investigar la arquitectura de la complejidad y proponer un mecanismo de apego preferencial para explicar las distribuciones de leyes de potencia. 

Simon se hizo más conocido por su teoría de la decisión corporativa en su libro Comportamiento administrativo, que buscaba reemplazar el enfoque clásico altamente simplificado del modelado económico, que asume que somos seres completamente racionales en todos los contextos. Basó sus conceptos en este libro en un enfoque que reconoce múltiples factores que contribuyen a la toma de decisiones. 

El Concepto de Bounded Rationality de Herbert A. Simon

Si escuchamos a los expertos en economía en los periódicos o en la televisión, hablan como si hubiera una teoría que lo explicase todo: la economía de libre mercado. Este método se centra en dejar que la oferta y la demanda gobiernen el movimiento de la economía. 

La idea se basa en que tanto los compradores como los vendedores están incentivados a ofrecer el producto que mejor responda a las necesidades del cliente con la mayor ganancia posible, mientras que sus rivales intentan copiarlo u ofrecer alternativas para conseguir trozos del mercado. 

Y los clientes intentan buscar el producto que cumpla sus necesidades por el menor precio. Cómo cada parte tiene incentivos que son opuestos, se cree que al final se van equilibrando hacia el “precio justo” que puede cambiar a lo largo de la historia por avances tecnológicos, o problemas de gestión de recursos, o políticos entre otros.

Podemos encontrar diferencias según el nivel de participación del gobierno. Por ejemplo, los anarcocapitalistas defienden que no debería haber ninguna intervención por parte del gobierno, mientras que el liberalismo defiende cierta intervención en el mercado, y movimiento como el comunismo defienden un control completo del mercado. Cada enfoque tiene sus ventajas y desventajas, y decidir cual es el “correcto” es algo altamente complejo, por no decir imposible, si por elegir nos referimos a seguir a rajatabla uno solo de ellos.

En el libro, el autor se centra en algunos de nuestros errores típicos sobre el concepto del capitalismo. El concepto de libre mercado, y la idea de que se puede controlar por la oferta y demanda presenta varios errores. Entre ellos, asume que el ser humano es racional, algo que investigadores como Amos Tversky, y Daniel Kahneman han demostrado con su estudio de los sesgos cognitivos, y que ya había predicho Herbert A. Simon con su concepto de bounded rationality, o racionalidad limitada/acotada. 

Podemos actuar con cierta racionalidad, siempre y cuando sea dentro de un marco limitado, es decir, sabemos lo que debemos hacer, tenemos información necesaria para tomar decisiones, y tenemos un incentivo para dedicar energía a buscar una respuesta “correcta”.

La teoría del libre mercado tampoco tiene en cuenta el efecto del marqueting, un parámetro tan poderoso que ha podido crear mercados de billones de la nada. Algunos ejemplos de esto son el caso de De Beers, con su cartel de diamantes que creó “la necesidad” de regalar diamantes en japón en cuestión de una generación. O el caso de popularizar el tabaco entre las mujeres, algo que logró Edward Bernays a través de varias campañas de marketing que ligaban la idea de fumar con la libertad de expresión.

¿Qué son el sistema 1 y sistema 2 de Amos Tversky y Daniel Kahneman?

El sistema 1 hace referencia a nuestra capacidad de tomar decisiones rápidas y de forma intuitiva. Pero también tiene la desventaja de que se ve afectado en mayor medida por nuestros bias y emociones.

El sistema 2 es el que nos permite tomar decisiones con calma y razonadas, pero este también puede verse afectado por ciertos bias, como el de prueba social, o el sesgo de confirmación.

Ambos tienen sus ventajas y desventajas, pero sin duda el que deberíamos intentar usar en el caso de decisiones importantes es el sistema 2, ya que el tiempo que nos da nos puede permitir reducir el efecto de cualquier tipo de bias.

Cuando es útil el sistema 1 

El sistema 1 no es perjudicial de por sí, y muchas veces es la mejor opción. Poder tomar decisiones rápido y poder dedicarles el tiempo justo como para que nuestra inversión de tiempo sea igual o inferior al beneficio generado es una de las razones por las que es tan importante trabajar en los campos que mejor se nos dan, y la base de los principios de la ventaja competitiva y el coste de oportunidad.

Si desarrollamos conocimiento sobre un tema podemos formular hipótesis al respecto para testear nuestra comprensión. Estas hipótesis nos permitirán entender cuales son los factores de más peso para determinar resultados en ciertas situaciones y con el tiempo nos permitirán determinar de forma intuitiva las formas más óptimas basadas en experiencia de hacer algo, es decir, intuición.

Esta intuición a su vez nos permite reducir el tiempo necesario para hacer ciertas tareas con éxito y con ello reduce el coste de oportunidad asociado a una tarea, de forma que la intuición podría considerarse como la base del principio de la ventaja competitiva. Pero esta velocidad viene a un precio, reduce el campo de visión y fuerza a usar la experiencia para decidir, de forma que es altamente dependiente del contexto.

Por eso, cuando se trata de decisiones de una gran importancia y riesgo asociado, es mejor usar el sistema 2. El mindfulness y el sistema 2 de pensamiento son las únicas herramientas que tenemos para reducir el efecto de usar heurísticas para tomar decisiones y fallar. El principio de mindfulness nos ayuda a tomar control de nuestros pensamientos y crear las condiciones necesarias para la meta-cognición, y la metacognición a su vez nos permite hacer uso del sistema 2 y reducir, en cierta medida, el efecto de los bias.

Cuando es útil el sistema 2

El sistema 2 es útil principalmente cuando tenemos que lidiar con decisiones que presentan posibles problemas poco probables pero de gran riesgo, es decir, problemas que aunque tengan baja probabilidad de suceder puedan hacer grandes daños.

El problema es que este tipo de situaciones es difícil de detectar, simplemente porque no estamos entrenados para dar importancia a situaciones poco probables. Por eso, por defecto deberíamos utilizar el sistema 2, es decir parar respirar y pensar, siempre que se trate de una decisión importante.

¿Cómo sabemos si se trata de una decisión importante?

Las decisiones importantes, o de high-stakes, cumplen con 2 características:

1)Presentan la posibilidad de una gran pérdida a nivel financiero, emocional o temporal.

2)El coste de revertir la decisión son altos o imposibles

Cualquier decisión que cumpla con estas características debería llevarnos a tomar algo más de tiempo para decidir cuál es la mejor acción que podemos realizar. Y en concreto, la mejor señal para detectar cuándo deberíamos usar el sistema 2, es estimar cuánto nos costaría solucionar el problema.

Se nos suele dar mal entender las probabilidades de pérdida, es uno de los bias principales en el caso del sistema 2, pero es mucho más fácil detectar cuando un problema puede ser tan grande que merece la pena parar. 

Un ejemplo de esto sería poner más dinero del que podemos en acciones que están subiendo. Es posible que sigan subiendo y no pase nada, pero también existe la posibilidad de que lo perdamos todo, sobre todo si usamos leverage. En este caso tendría mucho más sentido poner una cantidad que no nos importe perder, o que al menos no afecte a nuestra calidad de vida.

¿Qué son los modelos mentales?

Los modelos mentales son formas de ver el mundo. Los modelos mentales son básicamente representaciones subjetivas del mundo que nos rodea. Se basan en nuestros sesgos cognitivos, y limitaciones de la mente humana, así como en nuestro conocimiento y experiencias previas, y por lo tanto tienden a causar errores.

Son los procesos que usamos para obtener información del mundo que nos rodea, y el proceso por el cual trabajamos las premisas para conseguir conclusiones que nos ayuden con algún objetivo consciente o inconsciente.

Estos modelos funcionan principalmente a nivel inconsciente, son pocas las ocasiones en las que nos preguntamos porque entendemos algo de cierta forma, o cómo hemos llegado a alguna conclusión. Pero que sean subconscientes no solo no reduce su importancia, sino que hace nuestra falta de control sobre ellos aún más preocupante.

No entender cómo funcionan significa no saber cómo hemos conseguido información, no saber si es cierta, y no saber cómo la procesamos para sacar conclusiones. 

Esto no quiere decir que los modelos sean malos de por sí. Los modelos son imprescindibles, porque nos permiten reducir la complejidad del mundo y procesar información más rápido. Sin modelos no podríamos vivir de forma práctica, porque tendríamos que reconsiderar como pensamos ante cada nuevo problema. Esto los convierte en grandes mecanismos para optimizar nuestro pensamiento y ser más efectivos.

Los modelos son imprescindibles si queremos tomar decisiones sobre qué ponernos hoy, porque no tiene sentido dedicar demasiada atención al proceso. El problema real aparece cuando tenemos que tomar decisiones importantes en las que los riesgos pueden producir alguna pérdida irrecuperable, o demasiado grande.

En estos casos, debemos dejar de lado lo que Daniel Kahneman llama el sistema 1, basado en la intuición y principalmente subconsciente, y pasar a usar el sistema 2, el que nos permite hacer uso de la lógica. 

Y aquí es donde entra la importancia de tener un “arsenal” de modelos mentales, que nos permitan atacar al problema desde distintos ángulos y con ello mejorar nuestra probabilidad de llegar a una respuesta adecuada.

¿Para qué sirven los modelos mentales?

Los modelos mentales nos permiten sacar partido a las perspectivas y forma de ver el mundo de distintas disciplinas. Aprender cómo funciona la perspectiva de distintos campos, nos permite sacar partido a sus puntos positivos, así como reducir el efecto de los negativos, a través de su diferencia de perspectivas.

La probabilidad de que dos enfoques tengan las mismas debilidades es baja, y si usamos tres o cuatro, esta probabilidad se hace mucho menor. De esta forma, el objetivo de usar varios tipos de modelos mentales, perspectivas, es el de reducir la probabilidad de que ignoremos información, malinterpretemos hechos, o nos equivoquemos al estudiar la causalidad de algún fenómeno.

La multidisciplinariedad nos permite sacar más información útil y con ello multiplica nuestras posibilidades de solucionar problemas. Dominar varias herramientas nos permite crear libertad.

Actúan del mismo modo que los objetivos de un microscopio. Con los objetivos de menor aumento podemos ver los tejidos en su conjunto, con los de aumento medio podemos diferenciar estructuras celulares, y con los demás podemos ver las células.

Con ello podemos dividir los problemas en más partes, y encontrar relaciones que de otra forma serían invisibles. En definitiva, los modelos mentales nos permiten aumentar nuestro vocabulario, y facilitan el proceso de describir y entender cualquier situación. 

¿Qué significa entender?

Entender es una palabra cuyo significado conocemos intuitivamente, pero que muchos de nosotros seríamos incapaces de definir claramente. Sabemos que entender algo es la base para tomar acciones correctas, sin conocer el objeto de nuestro interés y su contexto, dependemos completamente de la suerte.

Entender es importante, porque sin entender no podemos hacer algo varias veces y estar seguros del resultado. Entender significa conocer algo por lo que es, y esto a su vez significa comprender su relación con el contexto y cómo este afecta a su naturaleza.

De esta forma, podríamos decir que para “entender” algo, debemos ser capaces de dividirlo en sus constituyentes primarios, lo que se conoce como el enfoque reductivo o Cartesiano, y estudiar las conexiones entre sus elementos, hasta ser capaces de crear hipótesis sobre su comportamiento en distintos contextos.

Esta ha sido la base del pensamiento científico hasta la actualidad, y es lo que entendemos como el método inductivo. Según esta definición, para entender algo, debemos ser capaces de tener una lectura acertada de sus componentes y su contexto, algo que es altamente complicado debido a nuestros sesgos cognitivos.

Por defecto, cada uno de nosotros es afectado en mayor o menor medida por distintos sesgos cognitivos, pero sin duda todos sufrimos su efecto. Actúan como una especie de niebla que no nos permite ver la realidad como es, y nublan nuestro juicio, lo cual significa que pocas veces podremos “entender” algo realmente.

Para evitar, o al menos reducir este efecto, podemos usar herramientas. 

Si los problemas son simples, y están bien definidos, no necesitaremos muchos modelos mentales. En estos casos puede ser “obvio” que debemos hacer para conseguir los resultados deseados con el mínimo de problemas. 

En cambio, cuando los problemas son más complicados, necesitamos más herramientas, porque nuestro cerebro no maneja bien la complejidad. En estos casos lo que importa, no es solo la cantidad de modelos mentales a los que tenemos acceso, sino también la afinidad entre los modelos a nuestra disposición y la naturaleza del problema.

Usar modelos mentales para resolver problemas es lo mismo que usar llaves para abrir cerraduras. Sin duda, podríamos abrir la puerta a la fuerza si usamos muchos modelos mentales, pero el objetivo es aprender cuándo usar cada uno. Tenemos que encontrar la llave adecuada para cada cerradura.

De esta forma, “entender” es el proceso de usar modelos mentales para reducir los obstáculos de nuestra mente a apreciar los elementos, relaciones y contexto de la realidad, para poder usar el pensamiento inductivo.

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